General, Propósitos

Obsesionado con el tiempo

He estado releyendo el blog y he sacado algunas conclusiones:

  • Soy un tostón.
  • No cumplo lo que prometo (y eso que son promesas a mí mismo).
  • El blog no tiene nada que ver con la informática (que era la intención inicial).
  • Y, last but not least, estoy obsesionado con el tiempo.

Voy a explicarme. ¡No es que haya sido una sorpresa! Esta obsesión mía con el tiempo viene de hace ya mucho. Pero no sabía que fuera tan notable en este blog.

Sobre lo de tostón, quizá sea una preocupación innecesaria. Al fin y al cabo si alguien lee lo que escribo es porque quiere. Así que voy a darle la vuelta a la tortilla. A partir de ahora, y en lo que a mi respecta: para quien quiera que lea algo de lo que escribo seré chu-chu-chuli (o al menos no tan tostón como me imagino).

Con lo de no cumplir mis promesas … En fin, hay varios posts con un año de diferencia y todos tienen algo en común: prometo o aseguro escribir más a menudo. Así que, voy a dejar de prometerlo y fin del problema.

Y finalmente, sobre la temática del blog. Creo que voy a seguir tal cual. Está claro que esto no va de informática (al menos exclusivamente). Pero en un par de entradas he conseguido una mezcla, entre retrospección, nudo mental e informática, que me ha gustado. Así que por ese lado: ninguna novedad en el frente.

PD: He añadido “obsesionado con el tiempo” a la cabecera del blog.

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Programación, Propósitos

La importancia de un buen nombre

Es una tarde cualquiera, estoy sentado en el sofá del salón y dedico toda mi atención a un juego que bajé hace poco en el teléfono. Súbitamente me doy cuenta de que tengo la televisión encendida.

Me llamo Drika Von Hauss, y soy buscador de tesoros.

Es un anuncio y esa frase en concreto a tenido la fuerza necesaria para llegar a mi cerebro a través de mis oídos y obligarme a prestarle atención. Y es que, con tal nombre, ¿cómo no iba a ser buscador de tesoros?

No lo supe hasta más tarde pero esa simple frase me hizo comprender lo importante que es un buen nombre. Y no me refiero a los nombres propios de las personas; al fin y al cabo, uno tiene el nombre que le dieron al nacer y lo normal es asumirlo.
Me refiero al continente, y no al contenido, al momento en que hacemos uso del libre albedrío y realizamos el acto de asignar un nombre de nuestra elección.

Quizá no parezca un acto demasiado habitual, pero cualquiera en el mundo de la informática y más concretamente en el de la programación, se ve ante la tesitura de nombrar entidades a diario: una nueva rama en nuestro SVC favorito, un nuevo fichero, una clase dentro de ese fichero, un método de esa clase, o cualquiera de las múltiples variables que podamos necesitar.

Todas y cada una de esas situaciones son de grandísima importancia y ahora soy consciente de que merecen que  las tengamos en cuenta y que no nos dejemos llevar por esa vagancia o dejadez (innata en muchos y adquirida en tantos otros) de escribir lo más corto o lo primero que se nos ocurra.

    • Nada de nombres comprimidos o abreviados.
      • a, b, c, txt, msg, …
    • Nada de nombres vacíos de significado.
      • method, variable, helper, …
    • Nada de nombres irrecordables.
      • fancyMethodForFancyThings, PersonOnTheWeb, …

 

Voy a seguir a partir de hoy la siguiente máxima al elegir un nombre: recordar a Drika Von Hauss e intentar que el nombre elegido se contagie de esa fuerza que fue capaz de sacarme del atontamiento crónico que producen los videojuegos (aunque sólo fuera por un instante ;)).

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