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Fin del período de exámenes

Por fin, y una vez más, el período de exámenes ha llegado a su fin. Como siempre ocurre con estas cosas, no veía la hora.

No sé si sólo me pasa a mí, pero he venido observando un efecto curioso a lo largo de mi vida como estudiante: con la llegada de los primeros exámenes, mi cerebro parece activarse. Se despierta. Algo en principio por lo que estar agradecido, pero no viene con la intención de echarme una mano con los estudios. Viene con ganas de juerga.

Y es que es un cachondo. Se le ocurren de repente miles de proyectos interesantes (igual he exagerado en unos pocos cientos). Lo más curioso es que no son todos nuevos, de hecho los nuevos son pocos, son en su mayoría viejos conocidos de anteriores períodos de exámenes.

Hace tiempo me dí cuenta de que casi ninguno de estos inesperados proyectos llegaba a nada, porque en cuanto pasaban los exámenes se llevaban de la mano la urgente necesidad de ejecutarlos. Esto hizo que al principio unos cuantos se perdieran (pero a partir de cierto punto me compré una libreta), y que sólo algunos pocos llegaran a convertirse en algo tangible. Y como muestra este blog, que surgió una tarde a finales del curso 2010-2011 en la biblioteca de mi universidad.

¿Y por qué me ocurre esto? ¿Será que al ponerme a estudiar enciendo mi vena creativa? ¿Será que un extraño mecanismo de defensa se activa automáticamente al verme “obligado” a estudiar y se acoge a cualquier excusa para escurrir el bulto? (Esta última explicaría por qué es sentarme a estudiar y me vuelvo un maniático del órden sobre mi escritorio).

Tengo miedo.

No, no es miedo a que me pueda estar pasando algo. Es miedo a que no vuelva, porque señoras y señores, éste ha sido mi último período de exámenes como estudiante de informática, y creo que me he acostumbrado a este curioso ciclo creativo que describo. Incluso puede que sea un poco dependiente de él.

Quiero creer que esto no va a marcar un punto y final, quiero creer que va a ser más bien un punto de partida, que voy a abrir mi vieja libreta y voy a empezar a darle vida a alguno de ellos. Y confío en que vuelva a pasar, confío en que cada vez que me ponga manos a la obra con alguno de ellos, vuelva mi dulce pequeña ola de creatividad y me obligue a seguir escribiendo en mi libreta hasta que se llene y deba comprarme otra.

Así es como debe ser. O así es como creo que debe ser.

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